| -Walley-se atrevió a decir. |
Sarqél no podía convencerse de otra cosa más que tener ganas de callar a su amigo, Gertan. Había regresado a su escuela después de tres años de intercambio en Inglaterra y se había topado con unos cambios enormemente drásticos, sin exageraciones. En su segundo día, le resultaba aún acostumbrarse, y solía marearse ante tantos pasillo. La memoria traiciona, ten cuidado, le había dicho su padre el primer día.
-Algo seria, ¿no crees?
Bien, si le seguía el juego tal vez se callaría. Pero al contrario, Gertan continuó con comentarios muy críticos sobre las chicas, más Sarqél no quiso oír sobre el cuerpo de Walley junto con su perfume de flores.
- ¡Por Dios, hombre! ¿Es que no te interesa una de las chicas más sexys de mi lista?
Sarqél puso los ojos en blanco ante tal pregunta, entonces Gertan soltó un bufido y le recriminó:
- Esa chica se ha olvidado completamente de tu existencia, Qél, deberías hacer lo mismo.
-Tal vez, pero no puedo o bien no quiero, veo esperanzas... no sé, si es la indicada... ¿me entiendes?
| "Soy tan normal como todos, hasta me siento inferior". |
Gertan se alejó soltando un bufido y murmurando un "¿entenderte?", Sarqél se sintió algo herido, pero le gritó después de unos segundos: "¡A la salida estoy la cafetería, Ger!", y él levantó una mano captando el mensaje.
Walley abrió sigilosamente la puerta de la terraza y asomó su cabeza para vigilar por si había alguien. Satisfecha de su revisión, entró y cerró silenciosamente. Era una terraza con una pequeña glorieta dentro. Ella amaba ese lugar, y era desconocido en la escuela, por ende, solitario. Dejó su maletín a un lado y sólo extrajo de él un cuadernillo de felpa rosa pastel. Cogió un lapicero dorado de su maletín y comenzó a redactar su diario nuevamente. Lo llevaba todos los días, y todos los días se sentaba en un banco de la glorieta para desahogarse. No sufría de bullying, ni la ignoraban ni idolatraban, pero sin querer fue haciéndose popular en la escuela debido a que era buena en todo. "Es estúpido, ¿sabes? soy tan normal como todos, hasta me siento inferior muchas veces, pero acá nadie me ignora como lo es en mi casa. Mi tutora es una bruja, pero agradezco que al menos se digna a pagarme el colegio. Ya he aprendido a valerme por mí misma."
De pronto oyó que alguien cerraba la puerta y se congeló, pues no recordó haber escuchado que la hubieran abierto. Levantó la vista bruscamente y un muchacho de ojos color ámbar apareció bajo el marco, entonces se sonrojó.
Sarqél se había quedado solo en el receso. No tenía hambre y la cafetería estaba repleta, además, el día anterior no pudo hablar nunca tranquilo con Ger, pues un grupo de "extranjeritas" habían decidido sentarse junto a ellos, y casualmente, en su misma banca. La pasó por alto.
En los tiempos donde estudió en esa escuela, de pequeño, solía subir por unas escaleras y entrar por un pasillo. Al fondo se encontraba una terraza que daba al Bosque, recordaba perfectamente una glorieta al centro, pero todo estaba borroso. Tanteó pasillos, por cinco minutos, y por pura suerte nada más logró dar con la puerta azul. El pasillo aclaró sus recuerdos y al llegar a la puerta, vivió por un instante todos sus años escolares ahí. La abrió sigilosamente, y al asomar la cabeza se encontró con la chica de la que Ger había hablado al inicio. No la había visto bien, tampoco se interesó en ella, y no es que lo estuviese. Pero se percató de su cabello brillante sobre sus hombros, rasgos delicados y una mirada tan concentrada, que olvidó cerrar la puerta con cuidado y terminó en un portazo ruidoso. Contempló como Walley alzaba la vista bruscamente y se entreveró con su mirada de pares pardos. De verdad, era hermosa y estaba maravillado.
-Walley- se atrevió a decir.